Y justo ese momento aparece... Ese momento cuando vas más despacio
de lo que el mundo va, todo se distorsiona, todo parece estar corriendo. Los
problemas salen disparados y parecen estar por encima de ti, sencillamente no
los alcanzas. Es ahí, concentrándote por seguir respirando, cuando deseas que
el mundo pare, que el universo se detenga por unos instantes, que te de tiempo
para inhalar, exhalar, analizar y seguir viviendo. Es ese momento en donde no
puedes más y lo único que pides es un descanso de la realidad.
Desear con todas
tus ganas, con todas tus fuerzas, que todo se congele unos instantes... No
quiero un futuro si aun no estoy claro con mi presente.
Lo cierto es que
ese deseo nunca se hace realidad. Por mas que año tras año se lo soples a una
torta, por mas que cada 11;11 lo digas en voz alta, por mas que cada pestaña se
te quede en el dedo... El mundo no para. El universo no te espera. Es despiadado,
si, te arrastra con todo lo que tiene, y como tal huracán, no puedes arremeter
contra su violencia.
¿Y entonces?
Y entonces nada,
lo único bueno de cuando comienza un huracán, es que sabemos que va a terminar.
En un punto todo parece estar por delante de ti, como si fuese un problema matemático
que no puedes resolver por mas que sumes, restes, multipliques y divides en tu
cabeza... ¿Mi consejo? Usa la calculadora. Vete a lo práctico. No des tantas
vueltas al mismo pensamiento, porque te atascas, y como consecuencia te quedas
atrás. Hay veces que pensar sólo te lleva a confundirte más; que tratando de
encontrar soluciones, consigues más problemas. Quizás hay que dejar que las
situaciones fluyan, ¿para qué frustrarse si sabemos que va a acabar? Porque
somos humanos, porque sentimos, porque nos duele. ¿Por qué sufrir, si sabemos
que va a sanar? Pregunta que se las arrojo a ustedes, porque yo no la pude
contestar.
La vida al final es una, hay que vivirla, aprovecharla al máximo.
Si el mundo corre, ese es su problema, yo tranquila atrás… que algún día lo
alcanzo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario